Tics





De nuevo, ¡hola a tod@s!


El otro día alguien me llamó la atención con respecto a ciertos comportamientos, hábitos o, si se prefiere, conductas que son curiosas de ver, por lo menos bastante indiscretas de cara a lo social como son el hurgarse la nariz y comerse las uñas.

Hoy me gustaría hablaros de los tics. Este es una conducta que puede pasar desapercibida para la mayoría de la gente, y me parece que es algo más que un mal hábito adquirido. No considero estas conductas que mencioné en el primer párrafo sean estrictamente tics, pero
tienen una sutil conexión, y si poseen algo en común, sería la posibilidad de ser tratadas o atendidas por nosotros mismos en el primer caso o por un facultativo en el caso de los tics.

En principio, lo que observamos en los tics, son unas conductas que se repiten con frecuencia, es un movimiento compulsivo que se realizan de manera automática sin intervención de nuestra voluntad, en el peor de los casos: sin nuestra conformidad. Si hemos hablado de conducta, podríamos pensar que es una conducta emocional, ya que es algo que nos interesa hacer, aunque a lo mejor, de una manera inadecuada. Hablo de emociones porque advertimos una despreocupación por esa conducta, y lo registramos desde una pauta relativamente normal, y si nos decimos que “esto no es demasiado serio”, permitimos a su vez un desahogo emocional, una liberación de tensión por así decirlo. Aunque lo más cerril de un tic es que “funciona” independientemente de la voluntad.

También los tics tienen que ver mucho con nosotros mismos, esto es fácilmente observable, son como así decirlo muy nuestro, como cuando movemos nuestras manos o nuestras piernas, y si este tic lo desplegamos en público, en una conversación con amigos, delante de nuestro cónyuge, etc. podría integrarse dentro de de nuestras relaciones interpersonales;  lo contrario, por ejemplo, sería una conducta filantrópica. Por eso digo que forma parte como de “nuestro amor propio”. Y esto es más cierto cuando el tic forma parte de nuestra expresión facial porque puede informar a nuestros “espectadores” de la naturaleza de nuestros sentimientos, como por ejemplo: “esto me aburre”, me toco la nariz; o “esto me da miedo”, me muerdo las uñas; o si te han educado en casa para “no mostrar nunca tus emociones” sería una especie de silencio que el tic delata.

Se han observado dos categorías de tics (Hullian´s theory of learning): simples y complejos:
  • Los tics simples son breves movimientos repentinos. Estos ocurren de una manera singular o aislada y a menudo se repiten. Algunos de los ejemplos más comunes de tics simples incluyen parpadear, encoger los hombros, fruncir el entrecejo, sacudir la cabeza, y olfatear.
  • Los tics complejos (a veces denominados manierismos) son distintos modos coordinados de movimiento sucesivos involucrando varios grupos musculares. Los tics complejos suelen incluir saltar, olfatear objetos, tocar la nariz, tocar a otras personas, coprolalia, ecolalia, palilalia, ecopraxia, o conducta automutilante.


          Echando un vistazo hacia atrás, hacia la ontogenia del individuo, descubrimos  el Tic en la infancia.

Los tics se dan también en la infancia, en los niños de entre 8 y 12 años, antes de estasedades no se observan tics en los niños. Por lo general los tics desaparecen después de la adolescencia. Según aparece en la literatura científica, podemos encontrar tics de etiología neurofisiológica, como el síndrome de Tourette[1] (exclamación de palabras obscenas o comentarios socialmente inapropiados y despectivos: coprolalia, pero este síntoma está sólo presente en una pequeña minoría de niños).

Aunque las causas físicas son para tenerlas en consideración, nos interesan los orígenes que sean mentales. Ya los primeros médicos en resaltar la importancia del factor psíquico de los tics allá por el siglo decimonónico fueron Armand Trouseau en 1873, y después Jean-Martin Charcot, en 1887.

Desde luego, para mí forma parte de nuestra vida mental, no me parece algo simplemente corporal, o conductual, si no que tiene una relación encarnado en una totalidad, que es la persona, representando desde sus creencias, costumbres o deseos que presuponen una psicología: la del individuo. Por tanto, si empezó como algo físico lo incluiremos dentro de nuestra mente. Si empezó como algo mental, también nos interesa. Tampoco es una suma de comportamientos, o de conductas, (están o no están / lo tengo o no lo tengo = presencia / ausencia) si no que lo llevamos con nosotros, formando parte de nuestra persona. De igual manera que el tratamiento lo considero relacional, ya que no es autoadministrable, como por ejemplo ni para una neurosis obsesiva, ni un trastorno de ansiedad o en nuestro caso, para ningún tic. No sería suficiente con leer un libro de autoayuda para “quitarnos este problema”. Y si además este trastorno lo conllevamos desde la infancia: hay una historia natural con repercusiones a la edad adulta, como por ejemplo la ansiedad (u otros cuadros sintomáticos); una ansiedad que lo podemos ver en niños y en adultos. Además, si es involuntario, conlleva dificultades añadidas.

Por tanto, en una terapia podríamos tratar algo del cuerpo que se cuela en forma de ansiedad, y un comportamiento adquirido desviado que se filtró inadvertidamente, para pensarlo de otra manera…

David Norberto Gascón Razé. 
Psicólogo en Madrid  
Tel: 636 55 45 62 
Email: dnd.gascon@cop.es
Página Web: http://www.psicologaenmadridarganzuela.com




[1] El síndrome de Tourette es un trastorno neuropsiquiátrico heredado con inicio en la infancia, caracterizado por múltiples tics físicos (motores) y vocales (fónicos). Estos tics característicamente aumentan y disminuyen; se pueden suprimir temporalmente, y son precedidos por un impulso premonitorio. El síndrome de Tourette se define como parte de un espectro de trastornos por tics, que incluye tics transitorios y crónicos.


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